La exposición a ciertos metales —como el plomo— durante el embarazo y en la primera infancia pueden afectar el riesgo de un niño de desarrollar trastornos del espectro autista (TEA), según un estudio reciente publicado en la revista Nature Communications.

Hasta ahora, gran parte de la investigación ha identificado factores genéticos que no pueden ser alterados“, dijo el doctor Manish Arora, de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai, Nueva York.

Nuestro estudio es un paso importante hacia la comprensión de factores de riesgo modificables tales como la exposición a contaminantes ambientales y deficiencias en la dieta“, añadió.

Arora y sus colegas analizaron los dientes de leche de 16 pares de gemelos idénticos y fraternos en Suecia, con al menos un hermano que fue diagnosticado con TEA cuando cumplieron 18 años. A modo de comparación, también analizaron los dientes de leche de 22 pares de gemelos con un desarrollo normal.

En promedio, una nueva capa de dientes se forma cada semana durante el desarrollo fetal y la infancia. Cada nueva capa es única, y juntas, con el paso del tiempo, proporcionan un registro de la exposición a diversos productos químicos.

Los dientes son como ‘discos duros biológicos’, la información se captura constantemente en sus anillos de crecimiento a medida que los dientes crecen, comenzando en el desarrollo prenatal“, mencionó Arora. “Al revelar información sobre los dientes, podemos reconstruir lo que un individuo experimentó en el útero y en la infancia“.

El equipo halló diferencias significativas en la captación de metal entre los gemelos con TEA y sus hermanos sanos en ciertos momentos del desarrollo.

A finales del embarazo y en los primeros meses después del nacimiento, por ejemplo, los dientes de los niños con TEA mostraron una mayor absorción de plomo —una toxina cerebral— y una menor absorción de nutrientes esenciales como manganeso y zinc.

De hecho, tres meses después del nacimiento, la cantidad de metales tóxicos en los dientes pudo predecir la gravedad del TEA a las edades de 8 a 10 años.

Los autores subrayan que el momento de la inusualmente alta o baja captación fue diferente para cada uno de los elementos examinados en los dientes.

Asimismo, no saben si las diferencias en la cantidad de metales tóxicos y nutrientes en los dientes se deben a qué tanto está expuesto el feto o el niño, o a cómo varía la absorción y procesamiento de estas sustancias.

Tampoco pudieron decir si la absorción interrumpida de estas sustancias en etapas particulares del desarrollo fetal tardío y del recién nacido es una causa o un efecto del autismo. Los investigadores sugieren que estas alteraciones probablemente impliquen múltiples interrupciones en la forma en que la absorción del metal está regulada.

Es importante recordar que hay un largo camino por recorrer antes de que los resultados de este estudio puedan ser útiles para familias y pacientes individuales. Se necesita más investigación para que podamos entender cómo los nutrientes, las toxinas ambientales y los genes interactúan y conducen al desarrollo del autismo “, destacó el coautor del estudio Abraham Reichenberg, también de la Escuela de Medicina Icahn en Mount Sinai.

En concreto, este nuevo estudio está ayudando a los investigadores a comprender las “complicadas relaciones” entre los genes, los metales tóxicos y los nutrientes, y cómo pueden afectar al cerebro de los bebés, comentó el doctor Eric Butter, director del Centro de Desarrollo Infantil y Psicología/Neuropsicología Pediátrica del Hospital Infantil Nationwide, en Columbus, Ohio, quien es ajeno al trabajo.

 

Vía: Reuters