Investigadores del Centro Médico de Boston (BMC) y de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston (BUSM) han descubierto que el uso de luz negra o “luz Wood” ayuda a los dermatólogos a determinar la extensión de la enfermedad conocida como melasma, una condición de hiperpigmentación que produce parches marrones y grises en la cara.

El melasma es más común entre las mujeres, y a menudo se manifiesta durante el embarazo debido a cambios hormonales, lo que ha llevado a que muchos la llamen “la máscara del embarazo”. La mayoría de la gente nota la decoloración de la piel en sus mejillas, frente, mentón y puente de su nariz. Los parches también pueden aparecer en partes del cuerpo que están expuestas al sol como los brazos y el cuello. Cuando se deja sin diagnosticar, las manchas marrones y grises en la piel continúan oscureciéndose y pueden alterar la apariencia del paciente, así como su calidad de vida.

En algunos casos, el melasma puede ser muy difícil de detectar a simple vista“, indicó el doctor Neelam Vashi, director del Centro para la Piel Étnica del BMC y la Universidad de Boston. “El uso de una luz negra nos permite evaluar la extensión de la enfermedad y asesorar a los pacientes sobre las medidas de protección solar y las opciones de tratamiento“.

La luz negra detecta cambios en el color o la fluorescencia de la piel, haciendo que los trastornos de pigmentación parezcan brillar bajo la luz. Se ha sugerido como apoyo para diagnosticar la profundidad del melasma, pero este es el primer estudio que encuentra una diferencia cuantitativa significativa entre observar la piel bajo luz natural y bajo luz negra al evaluar la extensión de la enfermedad en quienes la padecen sutilmente.

La detección temprana es crítica en el tratamiento de esta enfermedad antes de que empeore. Sin el uso de una luz negra, la extensión de la enfermedad podría pasar desapercibida y empeorar con el tiempo por la exposición a los rayos ultravioleta o a la terapia con láser. Existe riesgo de que la enfermedad regrese“, dijo Vashi, quien también es profesor asistente de dermatología en la BUSM.

Los tratamientos para el melasma incluyen cremas tópicas, peelings químicos, microdermoabrasión y protección solar. Los investigadores recomiendan que las mujeres se protejan mediante la aplicación de bloqueador solar cada dos horas cuando estén al sol, o que eviten la exposición al sol por completo si tienen una predisposición genética, si están embarazadas o si tienen un historial familiar conocido de melasma.

El estudio fue publicado en línea en la revista de la Academia Americana de Dermatología.

 

Vía: EurekAlert! – American Association for the Advancement of Science