Científicos españoles descubrieron que inhibir la proteína galectina-1 (Gal1) ayudaría a frenar de forma eficaz, y por primera vez, la progresión del tipo más común de cáncer de páncreas, llamado adenocarcinoma ductal pancreático (PDA, por sus siglas en inglés), para el cual actualmente no existe ningún tipo de tratamiento curativo.

El PDA representa el 85% de los casos diagnosticados de este cáncer y, pese a tener una prevalencia de solo el 3%, es el cuarto lugar en cuanto a muertes relacionadas con la enfermedad. Su supervivencia es de únicamente el 8% después de 5 años, y se calcula que para el año 2030 podría convertirse en la segunda causa de muerte por cáncer en los países desarrollados.

Pilar Navarro, coordinadora del estudio e investigadora del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) y el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (IIBB-CSIC), dijo que su grupo previamente ya había demostrado el potencial de Gal1 como blanco terapéutico en el PDA, pero que esta vez utilizaron un modelo transgénico de ratón desarrollado en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), que presenta la mutación más frecuentemente observada en los tumores de páncreas: la mutación del oncogén KRas, permitiéndoles recapitular con mucha precisión la progresión tumoral que se observa en seres humanos.

Los tumores ductales de páncreas crecen en un microambiente tumoral particular, considerado una de las claves para comprender su desarrollo y su resistencia a las quimioterapias convencionales, así como la falta de éxito de los nuevos tratamientos, como la inmunoterapia. En dicho entorno, que favorece a las células tumorales y las aísla del sistema inmune y de los tratamientos, existen las células llamadas fibroblastos, cuya función es producir grandes cantidades de galectina-1.

Esta proteína juega un importante papel en todo el proceso de crecimiento del tumor, pues aumenta su proliferación, migración e invasión (lo hace más agresivo). Asimismo, es una pieza fundamental en la creación del entorno favorable a su crecimiento y, al mismo tiempo, mantiene débil al sistema inmunitario, lo que permite al tumor permanecer invisible.

Debido a la complejidad que implica abordar este tipo de tumor, los investigadores trabajaron con cuatro enfoques distintos para intentar reconstruir el rompecabezas final que revelara el papel de Gal1 en el cáncer de páncreas, que incluyeron estudios in vivo con el modelo transgénico antes citado y otras tres estrategias con células humanas, in vitro e in vivo, con modelos de ratón, y estudios moleculares genómicos a gran escala.

Neus Martínez-Bosch, miembro del grupo liderado por Navarro y primer autor del estudio, indicó que que “la inhibición de Gal1 frena el crecimiento del tumor y restablece la vigilancia de nuestro sistema inmunitario para reconocer y rechazar a las células tumorales, la que dificulta que el tumor siga progresando”.

Al respecto, Pilar Navarro subrayó que “cuando se elimina Gal1 de los tumores, los animales viven más tiempo gracias al hecho de que los tumores progresan más lentamente, son menos agresivos y hacen menos metástasis”.

Finalmente, agregó que la inhibición de Gal1 permitiría abrir una nueva vía para conseguir que la inmunoterapia —que hasta el momento no ha tenido éxito para tratar este tipo de tumor— sea efectiva, utilizando inhibidores de Gal1 solos o combinándolos con los fármacos actuales.

 

Vía: SINC