Obtener una cantidad suficiente de ácidos grasos omega 3 DHA (ácido docosahexaenoico) y EPA (ácido eicosapentaenoico) en el cerebro para estudiar sus efectos en enfermedades como el Alzheimer y la depresión, que han demostrado ser una gran ayuda, no es tarea fácil. Si bien existen suplementos que contienen estos ácidos grasos, existge poca evidencia que demuestre que estos suplementos realmente aumentan los niveles de DHA o EPA en el cerebro. Para aumentar considerablemente los niveles de EPA en el cerebro, una persona tendría que consumir un pequeño vaso cada día, posiblemente con el efecto secundario de oler a pescado.

Ahora, investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago (UIC) informan que agregar una forma de lisofosfolípido de EPA (LPC-EPA) a la dieta puede aumentar los niveles de EPA en el cerebro hasta 100 veces en ratones. La cantidad de LPC-EPA en la dieta requerida para este aumento es bastante pequeña para los roedores, menos de un miligramo por día. El equivalente humano sería menos de un cuarto de gramo por día. Los resultados se publicaron en la revista Journal of Lipid Research.

Se sabe que los ácidos grasos omega 3 DHA y EPA tienen efectos antiinflamatorios y protegen contra diversas enfermedades neurológicas y metabólicas. También se ha demostrado que el DHA es bueno para la memoria y los déficits cognitivos asociados con la enfermedad de Alzheimer y, en estudios preclínicos, el EPA ha demostrado ser eficaz para tratar y prevenir la depresión.

El DHA ya prevalece en el cerebro y hay poca evidencia que respalde la idea de que comer mucho aceite de pescado, ya sea a través de pescado entero o suplementos, aumenta los niveles de DHA cerebrales. El EPA se encuentra en concentraciones muy bajas en el cerebro. El aumento de los niveles de EPA a través de su consumo ha resultado difícil porque la cantidad de EPA que debería ingerirse para mostrar aumentos en los niveles de EPA cerebrales es bastante grande: de 40 a 50 mililitros por día. Y los investigadores aún no comprenden a profundidad cómo funciona el EPA para reducir la depresión y cuánto se necesita en el cerebro para tener estos efectos antidepresivos.

Para realizar las pruebas para determinar la dosis adecuada y cómo funciona el EPA en lo que respecta a la depresión, necesitamos tener una mejor manera de introducirlo en el cerebro porque es necesario consumirlo en tanta cantidad que simplemente no es práctico, y menos para los ensayos en humanos“, dijo Papasani Subbaiah, profesor de medicina, bioquímica y genética molecular en el Colegio de Medicina de la UIC y autor correspondiente del estudio.

El trabajo indica que el suministro de EPA en forma de lisofosfolípido, a diferencia del tipo presente en los suplementos de aceite de pescado, escapa a la degradación por las enzimas pancreáticas que lo hacen incapaz de pasar al cerebro.

Parece que hay un transportador en la barrera hematoencefálica por el que el EPA debe pasar para ingresar al cerebro, pero el EPA en el aceite de pescado no puede atravesarlo, mientras que el LPC-EPA puede hacerlo“, destacó Subbaiah. “No es necesario consumir toda la cantidad de LPC-EPA para que aparezcan aumentos significativos de EPA en el cerebro, por lo que esta podría ser una manera de realizar estudios rigurosos sobre los efectos del EPA en los seres humanos“.

La producción de LPC-EPA no es difícil, y puede incorporarse a los gránulos de alimento que Subbaiah usó para alimentar a los ratones de laboratorio. Estos ratones tenían hasta 100 veces más EPA en sus cerebros después de comer 1 mg / día de LPC-EPA en su alimentación durante 15 días, en comparación con los ratones que comían EPA puro. Curiosamente, los ratones que comieron LPC-EPA también tenían dos veces más DHA en sus cerebros.

Este estudio es una prueba de concepto de que podemos aumentar los niveles de EPA y DHA en el cerebro a través de suplementos o mediante la incorporación de LPC-EPA en la dieta“, afirmó Subbaiah. “Al usar esta técnica, ahora podemos realizar estudios críticos para ver si las concentraciones crecientes de estos ácidos grasos en el cerebro pueden ayudar a prevenir y tratar el Alzheimer y la depresión en modelos de ratones, y luego pasar a ensayos en humanos si los resultados son prometedores“.

 

Vía: University of Illinois at Chicago